¿Hacia un futuro de ciudades corporativas y megaoficinas?

Una de esas ciudades corporativas es Willow Campus,  la nueva población que está construyendo Facebook alrededor de sus oficinas centrales en Menlo Park, en Silicon Valley. Según ha anunciado en su blog, se tratará de una pequeña aldea que contará con 1.500 viviendas, zonas comerciales, oficinas, jardines, restaurantes, hoteles y un centro cultural.

Esta iniciativa se ubica en un contexto en el que los precios de la vivienda en la zona se han situado entre los más caros de los Estados Unidos, debido a la demanda generada por el personal altamente especializado que atrae este tipo de empresas tecnológicas.

Esto complica la atracción del buscadísimo talento tecnológico que pronto descubre que su abultado salario no le permite disfrutar de un nivel de vida acorde a sus expectativas. Ante esto Facebook parece que ha decidido tomar cartas en el asunto y construir sus propias viviendas.

Y no son los únicos. Otras empresas también están poniendo en marcha proyectos similares, como el mismísimo Google que, por su parte, anunció la adquisición de 300 apartamentos prefabricados que han de servir como alojamiento temporal para sus empleados.

Más allá de dar solución al alojamiento en un entorno inflacionado, este tipo de ciudades corporativas, que recuerdan mucho a una versión actualizada de las colonias surgidas alrededor de las fábricas de la Revolución Industrial, plantean en pleno siglo XXI el debate de si sigue siendo necesario concentrar en un lugar físico los puestos de trabajo y si es deseable mezclar vida personal y trabajo hasta este punto.

En un momento en el que se supone que la tecnología permite desvincular el trabajo de un lugar físico concreto, y recibimos noticias como que WordPress decide cerrar sus oficinas en San Francisco porque la gente prefiere trabajar desde otros lugares, o que Bloomberg en sus nuevas oficinas de Londres apenas pondrá una máquina de café porque quiere que su gente “salga a la calle”, parece que asistimos a una tendencia de signo contrario…

En este sentido, la decisión de IBM, una de las compañías pioneras en políticas de teletrabajo, de hacer regresar a la oficina a miles de sus empleados marca un punto de inflexión.

En un momento en el que se supone que la tecnología permite desvincular el trabajo de un lugar físico concreto, parece que asistimos a una tendencia de signo contrario.

La creación de “megaoficinas” como la nueva sede de Apple (bautizada por los lugareños como la “nave espacial”), que albergará a más de 12.000 personas en un faraónico edificio en forma de anillo que cuenta con un enorme parque central, restaurantes, gimnasios y sala de yoga entre otras muchas cosas, es otro ejemplo de esta tendencia hacia la concentración física de empleados en entornos donde el trabajador tiene cubiertas todas sus necesidades.

A pesar de la aparente pérdida de flexibilidad que estas grandes estructuras generan a sus organizaciones, precisamente uno de los principales argumentos para concentrar a los empleados en un mismo lugar es que la interacción física de los equipos es cada vez más necesaria para generar agilidad e innovación. Los nuevos espacios se diseñan para generar “colisiones” entre personas de las que surgirán las nuevas ideas.

El tiempo dirá si esta tendencia acaba por imponerse y cómo coexistirá con unos modelos de relación laboral cada vez más flexibles y con la demanda de conciliación entre la vida personal y laboral por parte los empleados.

 

Imagen Facebook

Un artículo de
Jordi Serrano