Responsabilidad radical para un mundo complejo

Hace unos meses saltaba a la luz pública uno de los casos que deben encender las alarmas sobre el cuidado de las personas en los entornos laborales. Amazon era acusado de dejar el destino de sus trabajadores en manos de los robots. Y es que, como publicaba La Vanguardia el despido de trabajadores aplicando algoritmos no es ciencia ficción, “es uno de los efectos perversos de la digitalización, esta vez aplicada a las relaciones laborales. Porque con la tecnología actual, las máquinas toman decisiones en lugar de los humanos y para los humanos”.

El caso de Amazon ha dado y sigue dando mucho de qué hablar. Según la publicación The Verge, hasta 300 empleados de Amazon fueron despedidos entre agosto de 2017 y septiembre de 2018 por “falta de productividad”. Los hechos ocurrieron en un almacén de la localidad de Baltimore, donde la firma tiene a 2.500 empleados, o sea que se involucró el 10% de la plantilla.

Amazon mide individual y automáticamente la productividad de cada trabajador en base al número de paquetes que confeccionan cada hora. El programa, en caso de detectar empleados de baja productividad genera automáticamente advertencias e incluso procesa automáticamente despidos, sin la intervención de los supervisores. Se ha llegado a acusar a la compañía de provocar situaciones en las que algunos trabajadores evitan ir al baño para mantenerse dentro de los límites y objetivos.

Una escena que habría podido protagonizar Chaplin en Tiempos modernos, mucho más propia de una concepción del trabajo en teoría superada hace muchas décadas que de nuestro siglo, en el que las empresas pretenden – o al menos eso dicen – cuidar de las personas que trabajan en ellas.

Y para ello deberán poner las nuevas herramientas de las que disponemos al servicio de una gestión ética y [radicalmente] responsable con las personas.

Adrián Todolí escribía recientemente que “el Big Data, los algoritmos y la inteligencia artificial permiten actualmente que el empresario procese mucha más información de los trabajadores existente hasta ahora. Esto le da la posibilidad de elaborar perfiles automatizados de los empleados, haciendo que la propia tecnología sustituya a los supervisores y responsables de recursos humanos y que incluso tome decisiones que tengan efectos legales sobre los trabajadores, como la contratación, los ascensos y los despidos” .

Tendremos que mantenernos muy alerta para evitar que unos recursos que deben facilitar la tarea de la dirección de personas acaben ocupando un lugar equivocado

Por todo ello, tendremos que mantenernos muy alerta para evitar que unos recursos que deben facilitar la tarea de la dirección de personas acaben ocupando un lugar equivocado. Porque la inteligencia artificial deberá estar supeditada, siempre, a la inteligencia humana. Las máquinas deben facilitar nuestras decisiones, sobre todo en los entornos actuales –volátiles, inciertos, complejos y ambiguos-, pero nunca tomarlas en nuestro lugar.

Según Marta Martínez, presidenta de IBM en España, Portugal, Grecia e Israel, “la parte humana es la clave, no es Inteligencia Artificial (IA), es nuestra responsabilidad” . Afirma que el futuro más inmediato que vendrá tiene que ver con la empresa cognitiva, que “aprovechará todos sus datos para desarrollar plataformas para crear nuevos modelos de negocio con su ecosistema externo y estará en proceso de aprendizaje continuo”. Y es que, según su parecer, “la empresa cognitiva es nuestra inteligencia ampliada”. La transformación social que traerá -y ya está trayendo- la IA tiene que ir acompañada de transparencia y, sobre todo, “tiene que ser explicado” porque “no puede ser una caja negra”, al contrario: “si una solución de este estilo no puede explicar con qué datos y criterios toma una decisión, no tendría que utilizarse”.

Consideramos necesaria, así, una revolución ética para impulsar organizaciones más auténticas, humanas y sostenibles. Sobre todo humanas, de personas y para personas. Y una manera de garantizar que mantenemos a las personas en el centro de las organizaciones es incorporar la perspectiva ética precisamente en la toma de decisiones. ¡Aquí tenemos las de ganar frente a las máquinas y debemos velar por ello!

Para conseguirlo hemos de incorporar métodos que nos ayuden a integrar la perspectiva ética en la construcción conjunta de soluciones, porque esta revolución pasará por incorporar la ética en nuestro día a día, con la aplicación de políticas, procesos, sistemas de gestión y herramientas concretas que creen el entorno organizativo adecuado y capacite a las personas para conseguirlo. Herramientas que nos ayuden a integrar la ética en el proceso de toma de decisiones, para fortalecer nuestra cultura ética y la confianza de nuestros interlocutores.

De esta manera, incrustando la ética en el eje de su funcionamiento, la organización define un modelo de toma de decisiones propio, que sistematiza su trazabilidad y fomenta la transparencia y la responsabilidad en todas sus actuaciones.

Volvamos al ejemplo de Amazon. Un robot puede decidir que un trabajador no cumple con los objetivos marcados, sin preocuparse, evidentemente, de circunstancias que puedan haber provocado esta pérdida de productividad. Pero una persona debería hacerse otras preguntas a la hora de tomar una decisión sobre el despido de dicho trabajador, planteándose cuestiones alejadas de la estricta lectura de los índices de producción:

  • ¿Y si la decisión fuera pública? ¿Se la podría explicar a un amigo? De hecho a Amazon parece que no le hizo mucha gracia que se publicara esta información (nos referimos a los directivos/as de Amazon; creemos que los algoritmos no se plantearon si se lo podrían explicar a un amigo antes de tomarla…)
  • ¿Y si me lo hicieran a mí? ¿Qué me parecería que un robot decidiera despedirme sin darme la oportunidad de, por ejemplo, explicar las circunstancias y las características de mi situación actual?
  • ¿Y si lo hiciera todo el mundo? ¿Qué consecuencias tendría?

Pero hay otras preguntas que deberemos hacernos antes de tomar una decisión: ¿Cuál es la decisión que consideramos más coherente con nuestros principios y valores? ¿Estamos teniendo en cuenta al más vulnerable? ¿La decisión que estamos planteando me hace sentir orgulloso? ¿Cuál es la decisión más reversible? ¿Y la que favorece más el diálogo y la participación?

Y, sobre todo, incorporar la ética en la toma de decisiones implica dialogar, promover un diálogo real que contemple la visión de todas las partes implicadas. De esta manera, desde la búsqueda de acuerdos y consensos, estaremos construyendo juntos la mejor alternativa, promoviendo el compromiso mutuo y la reciprocidad. Estaremos impulsando a través de la acción nuestra razón de ser [lo que queremos ser] y aumentando de forma radical la coherencia entre [lo que decimos] y [lo que hacemos].

Porque somos personas. Personas que convivimos en unas organizaciones a las que damos sentido. Por eso, más allá de pensar en cómo afectarán las máquinas, los robots, a unas realidades organizativas, debemos cuestionarnos si estamos aplicando, y cómo, la ética y el diálogo en nuestras decisiones cotidianas, entre nosotros. Es así como configuramos nuestra cultura ética, nuestro “carácter” como organización.

Solo las organizaciones [radicalmente] responsables con las personas podrán sobrevivir en el futuro

Porque solo las organizaciones [radicalmente] responsables con las personas podrán sobrevivir en el futuro. La sociedad nos lo exige ya hoy y lo hará cada vez más. O somos éticos o no seremos y la única manera de serlo es incorporar la perspectiva ética en todas y cada una de las decisiones que tomamos, con la ayuda de la inteligencia artificial o sin ella. Porque solo así conseguiremos asegurar un sistema y una concepción del futuro del trabajo que contribuya a avanzar hacia una sociedad más humana y sostenible.

Nekane Navarro es socia fundadora de @beethik y consultora experta en responsabilidad social y dirección estratégica.

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Nekane Navarro